Todas hemos tenido relaciones de mierda

Todas hemos tenido relaciones de mierda

 

Me vas a perdonar el lenguaje en exceso coloquial pero a veces pocas palabras malsonantes expresan mejor lo que muchas educadas.

Hablaba con una joven amiga preocupada por otra que mantiene una relación con un hombre oscuro y machista al uso, según ella, que no la trata como debería y sentía que tenía que hacer algo, por eso iba a dejarle claro lo que pensaba de su pareja y relación.

El efecto que producen estas bienintencionadas opiniones y consejos es el contrario del buscado. La amistad se debilita, la conexión se rompe y el alejamiento entre las amigas está prácticamente asegurado.

Para intentar aportar otro punto de vista le dije «Todas hemos tenido relaciones de mierda y mientras las teníamos lo sabíamos. Lo último que queremos es que nos digan lo que ya sabemos y no nos gusta. Por lo que sea, seguimos en esa relación y lo último que necesitamos es sentirnos juzgadas y condenadas. Eso no ayuda y lo sabes.»

Fue un órdago, en realidad no sabía mucho de sus relaciones pasadas, ni como fueron en realidad. Pero por su mirada de sorpresa me di cuenta que había acertado, ella también había tenido su relación de mierda.

Seguimos hablando sobre ella, recordando como vivía cualquier sugerencia u opinión que cuestionara su relación. También revivió lo bien que se sentía con aquellos que no la juzgaban, como precisamente éstos fueron los que más le ayudaron.

Tener amigos que sigan siéndolo mientras mantenemos una mala relación es la mejor manera para que, tarde o temprano, podamos soltarla.

Si tú nunca has tenido este tipo de relaciones quizá quieras seguir leyendo porque conozcas a alguien que la mantenga.

Por eso este post va dirigido a ti, a la amiga. Una mujer que está viviendo ahora una mala relación querrá evitar cualquier estímulo que le recuerde que está en esa situación y no creo que me lea.

¿Para qué mantenemos o tenemos ese tipo de relaciones? Ventajas de una mala relación

No estoy sola; me trata como una reina; me hace regalos; le gusta a mi familia (o amigos); me aporta estatus; me apoya en mi profesión (trabajo, empresa, estudios); me da estabilidad; me divierto; hacemos planes emocionantes; tenemos inquietudes similares; estimula mi inteligencia; me acerca a la cultura; es un buen padre; buen sexo…

Alguna de estas ventajas o todas juntas no garantizan una buena relación, son buenos motivos para iniciarla pero ¿lo son para mantenerla?

De qué hablo cuando hablo de una mala relación

No estoy hablando de aquellas en las que existe maltrato psíquico o físico; comportamiento narcisista; adicciones; inmadurez…

Hablo de las normales malas relaciones, de esas que todas hemos tenido. Esa mala relación con una persona que puede ser la pareja ideal de otra.

Esa que fue una buena relación en algún momento y dejó de serlo, donde una o las dos partes de la pareja tienen un soterrado (o visible) estado de enfado, tristeza o rencor, o todos a la vez, porque la relación continúa cuando debería haber terminado.

Y lo peor de una mala relaciónno es lo que el otro hace sino lo que nos hacemos a nosotras mismas

En la mayoría de los casos ella, desde el principio, fue presciente de ello, algo dentro de ella lo sabía, pero esas intuiciones no suelen acogerse y mucho menos si hay con unos ojos increíbles, un torso de dios griego, una sonrisa que derrite, don de gentes o unos conocimientos enciclopédicos (o con todas esas cosas a la vez).

Si eres amiga de alguien en esta situación ten en cuenta que ella está utilizando muchos recursos en mantener esa relación, recursos que la dejan sin fuerzas para plantearse romper.

Toda esa energía sostiene la unión y la mantiene ciega y sorda ante las evidencias de las ventajas de terminar.

Tu presencia como amiga es un bálsamo, una fuente de alegría, confianza y seguridad, no le prives de ello.

Acoge con compasión que a tu amiga le compense alguna de las ventajas de su mala relación y que a tu lado no sienta que tiene que defenderse ni guardarse. Así comenzará a hablar.

Esos invisibles estados llevan a comportamientos de distinto tipo, según seamos cada una.

Signos de que somos testigos de una mala relación
  • Busca distancia de su pareja, los planes en pareja no se hacen y si se llevan a cabo siempre es con más personas con las que relacionarse: fines de semana, escapadas románticas, vacaciones, cenas
  • Evita la intimidad
  • Evita el sexo (puede o no que hable de ello)
  • No aguantará su conversación (lo notarás en su cara si estás atenta)
  • Si hay convivencia, mostrará indignación por los descuidos domésticos (la tapa del inodoro; el tubo de la pasta de dientes; las luces encendidas, la poca colaboración en casa o con los niños…)
  • Comienza a pensar en términos de todos los hombres sonporque necesita normalizarlo
  • No valorará sus logros o cuestiones importantes o todo lo contrario, ensalzará las cuestiones más nimias
  • Se señalarán los defectos (¿para su mejora?) ella a él, él a ella o mutuamente
  • Perderá ganas de hacer cosas
  • No valorará lo que tiene…
Notarás que tu amiga ya no tiene la alegría que tenía ¿podrás mantearte a su lado?

Esta pérdida de alegría y vitalidad no tiene que ver con las tareas domésticas, ni con la crianza, ni con el trabajo, tiene que ver con que una relación que no le aporta las condiciones para obtener lo mejor de ella.

Pero antes de esto tú, que eres buena amiga, ya lo habrás intuido, habrás querido hablar de ello sin tener claro que es lo que te hace sospechar que tu amiga no está con quien se merece. Sé paciente y mantente a su lado.

Y cuando alguno de estos signos aparezca, quizá ella hable. Pero ten en cuenta que puede que intente retrasar ese momento porque cuando lo verbalice para ella comenzará a ser real y entonces sentirá que debe tomar alguna decisión. Y todas sabemos que tomar esa decisión es uno de los retos más difíciles a los que nos enfrentamos.

La energía que mantiene unida una mala relación y el círculo vicioso de la ceguera

Hace muchos años casi pierdo a mi grupo de amigos por una de estas relaciones. Una relación de casi cinco años, desde los 19 a los 24, con mi novio de universidad. Cuando por fin le dejé, con gran alegría por parte de mis amigos, me quedé sorprendida de que ninguno me hubiera dicho nada, Cristina fue muy clara «si te hubiera dicho algo no me habrías hecho caso y te habrías separado más de mí.» Tras mi sorpresa inicial sentí que estaba cargada de verdad.

Mientras estaba con él, mi energía se dirigía a mantener esa relación. Ese empeño y objetivo no solo eliminaba posibles obstáculos sino que me cegaba aún más.

Por lo que sé como mujer, amiga, hermana, prima, sobrina, compañera de trabajo, abogada, mediadora y coach mi experiencia no es única. La energía que se emplea en mantener una mala relación es directamente proporcional a la ceguera sobre la misma.

Es una especie de círculo vicioso, más energía me lleva mantenerla más ciega y sorda me vuelvo ante las evidencias de que es una relación de mierda.

Porque las buenas relaciones se mantienen solas, no sólo no consumen energía sino que aportan vitalidad.

Por eso entiendo la rabia tremenda que despliegan algunas mujeres cuando su pareja rompe una mala (incluso malísima) relación.

En lugar de sentirse liberadas sienten la rabia

¡El muy cabrón va y me deja! ¡Cómo se atreve! Era yo la que le tenía que haber dejado. Con lo que he hecho por él (y por su familia). Con lo que he aguantado. Si cree que va irse de rositas está muy equivocado ¡se va a enterar!

Años de no ser feliz, años de haberse negado a otras relaciones, de abnegación y sacrificio, de privarse de amigos, de planes apetecibles, de momentos con la familia ¡Años de sacrificio sin recompensa! Y ahora no es ella sino él el que rompe.

El orgullo herido duele muchísimo

Creo que hay una ventaja que el otro tome la iniciativa de romper una mala relación, pese a esa tremenda rabia, dolor, sorpresa e indignación. La culpa de terminar la relación es del otro.

Es el momento para estar a su lado de manera constructiva

Si era una mala relación en el fondo de ella hay una parte que se siente liberada, como esas cámaras de los submarinos (depósitos de lastre) que se vacían de agua y se llenan de aire para emerger.  Le está ayudando a soltar lastre para que pueda salir a la superficie más rápidamente.

Ahora le toca decidir que va a hacer con toda esa energía antes destinada a mantener esa mala relación. A disfrutar del aire, el sol y la brisa marina, recordando lo bueno que hubo y teniendo presente lo que no va a volver a aceptar o, por el contrario, seguir con la energía puesta en mantener la relación y hacer muy difícil esa separación.

Estar presente en situaciones difíciles es complicado, pero recuerda que la vida no tiene manual de instrucciones, cuesta conocerse y mucho más conocerse en relación a los demás. Aprendemos por ensayo y error. Tú también.

Esta idea de aprendizaje es importante. Una vez terminada una relación, lo importante es valorar, no tanto qué de malohubo en el otro sino que ocurrió para acordar un relación con alguien con el que se presintió no era lo mejor o para qué se mantuvo cuando ya sabía que estaba en una relación de mierda.

¿Para qué fue esa relación? ¿Que ha aprendido de ella? ¿Que no habría aprendido si no la hubiera mantenido? ¿Recuerda algún momento del principio en que se le dispararan las alarmas? Si es así ¿para qué no las hizo caso?

Recuerda evitar los porqués, que llevan cierta carga de juicio y céntrate en los para qué, esta pregunta conecta con la estrategia y ésta se puede examinar como la planteada por un general en el campo de batalla ¿fue útil? ¿sirvió para el objetivo? ¿estaba claro el objetivo? ¿se mantiene ahora el mismo objetivo o ha cambiado?

Lleva la conversación hacia el poder que existe dentro de ella para que aprenda a escuchar esa voz interna que le susurra sobre lo que es realmente valioso para ella, esa voz que si aprende a escuchar siempre alerta y protege.

No es fácil guiar la conversación hacia esa voz que se oye y no se escucha, causa dolor saber que se pudo haber guiado por ella y, de esa manera, evitado dolor y sufrimiento. Es doloroso y también puede estimular la aparición del juez interno de la culpa.Lo sabía, si ya lo sabía por qué no terminé mucho antes, por qué he aguantado tanto…

Superar la dualidadPero esa presencia, esa voz interna es muy sabia, es la que sabe que cuanto hicimos fue lo mejor que pudimos con lo que teníamos y sabíamos. Si esa presencia es potente acallará al juez interno de la culpabilidad.

Y sobre todo manténte a su lado para que pueda  perdonar y perdonarse.

Perdonar porque es la única manera de romper el vínculo de la mala relación y perdonarse para que se valore plenamente y se sienta merecedora de todo lo bueno que, de ahora en adelante, le pueda pasar.

Estarás a su lado durante el duelo. Vigila si tu amiga necesita acudir a un profesional, una terapeuta o una coach, una persona con experiencia no sólo teórica sino experiencial que pueda ayudarle a trabajar sobre objetivos propios y construir un plan de acción realista. Esta necesidad es clara si ella repite habitualmente un mismo patrón de mala relación.

Myriam de la Cámara Romero

 

 

 

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