Te voy a proponer 5 pasos para trabajar la pereza.
El tiempo de verano es un tiempo para la pereza, la holganza, la lasitud, el descanso, la desidia… Todos estos pequeños pecados están permitidos en verano.
Pero ¿qué ocurre el resto del año? ¿Cómo vivimos esos momentos? Yo los tengo y si tú también te invito a que me sigas en mi reflexión.
Recientemente he pasado por una temporada, larga, de unas 3 semanas de auténtica desidia.
Gracias a volver a la meditación y a la escritura de las hojas pensadero por la propuesta que he hecho en Instagram, en apenas 2 días volví a la actividad creativa, útil y estimulante.
Pero no quiero hablar aquí de la meditación ni las hojas pensadero, sino de lo que alimenta estos estados que son grises, pegajosos, pesados, tan alejados del color, la luz y la ligereza.
Normalmente no me castigo por ellos, ya hace tiempo que no añado la culpa a esos momentos en los que sé no estoy dando mi mejor versión. Así que suelo ir más ligera que otra gente en este caso, que además de sentirse vagos se siente culpables, lo que alimenta aún más la vergüenza.
Y a la vergüenza quería llegar. A ver si tiene sentido también para ti.
La vergüenza es el sentimiento de no sentirse suficiente, en mi caso no me sentía suficientemente capaz, me había atascado, encontré una nueva dificultad en mi proyecto, tras haber superado muchas y no me sentía lo suficientemente capacitada, otros podían y yo no, me sentía abrumada, impostora. Y me escondí en la molicie.
Cuando hablo de molicie me refiero a que, tras estar trabajando, sé que hay más cosas pendientes, algo que todavía podría hacer más pero las horas que tengo las dedico a nada, ni siquiera al jardín, ni a nadar y eso, en mí, es una auténtica apatía.
La vergüenza, se asienta en nuestra auto imagen, en la que creemos que somos y en la que queremos que vean los demás y cuando algo nos la cuestiona, nos avergonzamos y no queremos que nadie se de cuenta. El estado de ánimo que se instaura es de abatimiento, derrota, pesadez, incapacidad. Nos rendimos.
Para luchar contra la vergüenza el método más efectivo es sacarla a la luz, exponer nuestra vulnerabilidad
Ahora estoy en un proyecto con grandes expectativas, las tengo yo y mi entorno cercano. Pero estoy sola en él, al menos en la parte que yo tengo que realizar, en esa no tengo colaboradores y no tengo con quien compartir ni a quien pedir ayuda, es un reto conmigo misma y eso me limita la acción básica para luchar contra la vergüenza. Compartir y pedir ayuda.
Si comparto mi inquietud sé lo que voy a oír, que soy estupenda, que valgo mucho, que tonterías digo… Y, de esa manera, lo único que ocurre es que me siento aún más incapaz, porque siento que eso no es así y me abrumo, no veo salida…
La alegría va desapareciendo y poco a poco se instaura una vocecita que me juzga y regaña, y sólo veo deber y obligación sin cumplir… Pero lo único que genera un fuerte vínculo y compromiso es la alegría y la ligereza, la obligación y el deber terminan pesando, me distancio de ellos porque cada vez los veo más ajenos, extraños y, sobre todo, injustos.
Pero, como ya he comentado, volví a retomar la meditación y como es algo en lo que estoy entrenada, enseguida sentí uno de sus efectos más notables: la claridad.
La pereza, vaguería, molicie, desidia, etc., etc, sólo lo detectamos quienes sufrimos por ello, quien está cómodo en esos estados no tiene ningún problema y ni siquiera los notará.
Así que esto es para ti, que te castigas y sufres cuando sientes que no haces lo que, se supone, deberías estar haciendo.
He logrado sistematizar en 5 pasos esas pautas que pueden ayudarte a salir de esos estados tan paralizantes:
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5 PASOS PARA TRABAJAR LA PEREZA
- No te castigues. Abandónate a ello, si estás mirando las musarañas o la TV, disfrútalo. No te cargues con la culpa porque ésta pesa.
- Identifica de donde viene tu cansancio. Porque estás cansada. Por eso, añadir la culpa sólo aumenta ese estado de desidia e incapacidad. Y la resistencia al deber, éste se ve injusto, y ante las injusticias nos rebelamos.
- Diviértete con algo, lo que sea que te guste y si lo que te apetece es tirarte en el sillón, vuelve al punto 1 y disfrútalo. Lo que hace un vínculo fuerte es la alegría no la obligación. Tienes que recuperarla.
- Pide ayuda. Estoy convencida que tienes un reto ante ti que te cuesta afrontar. Si, como yo, no tienes a quien, piensa si puedes dividirlo en tareas pequeñas que puedas llevar a cabo. Una o dos al día ¿es posible?
- Divide esas tareas diarias en pasitos de bebé y lleva a cabo la primera acción lo antes posible. Por ejemplo, yo tengo que reestructurar todo un temario para que sea visual. Mi primer pasito de bebé fue imprimirlo. Parece una tontería, pero esa mínima acción me puso en marcha.
Es importante el orden, ve desde el punto 1 al punto 5:
- Acepta
- Identifica
- Reconecta con la alegría
- Pide ayuda. Divide la tarea
- Da el primer pasito de bebé
Y una vez que estás en marcha la actividad te vuelve a conectar con esa energía perdida, con esa alegría perdida y te vuelves a sentir capaz, a tener ojos para los recursos que aparecen de la forma más insospechada. Ya no estás en el agujero donde nadie te ve y nada se ve.
