A MÍ NO ME VENGAS CON PERSEGUIR SUEÑOS

A MÍ NO ME VENGAS CON PERSEGUIR SUEÑOS

¿Por qué coaching? ¿Por qué? si mirando con espíritu crítico las frases, artículos, libros de los que nos dedicamos al crecimiento personal se podría colegir que

parece que partimos de una inocente y pueril visión de la vida donde siendo positivo todo se puede conseguir.

… a ti te resulta fácil, pero si tuvieras mi vida, mi trabajo, mis hijos, mi marido, mis padres, mi salud, mi hipoteca, mis deudas, mis problemas, mis fracasos, mis limitaciones…no hablarías de felicidad, ni de conseguir sueños. Tú lo ves fácil porque vienes de otra familia, otra educación, otro entorno, tienes un trabajo que te gusta, un hijo sano, un marido que te apoya, unos padres orgullosos, la hipoteca pagada… Si me ocupo de mí quien se encarga de todo lo que hay que hacer, qué fácil es decirlo cuando se tiene todo resuelto.

Así que no me vengas con perseguir sueños

Es verdad, no conozco tu vida, pero la mía la conozco bien y no es como la puedas imaginar

Mis ventanas eran las de las rejas

Mi punto de partida es una calle fea, en un barrio feo, rodeada de personas muy duras y desconfiadas, lo que es muy lógico teniendo en cuenta que había una dictadura y mi barrio era muy humilde, un barrio en el que antes de que se legalizara el PCE aparecieron pintadas con la hoz y el martillo en la pared de enfrente.

Siento un gran orgullo por lo que logró mi padre, un hombre que se hizo a sí mismo. Daba mucho valor al esfuerzo, al trabajo y a la lealtad. Mi madre le siguió con adoración y sin cuestionarle hasta el fin de sus días, poniéndonos bellos velos para disfrazar la realidad que a ella no le parecía bien que conociéramos.

Mi madre conoció a mi padre en su negocio, quejándose de un producto mal facturado. Se casaron. Ampliaron el negocio y mi madre comenzó a trabajar en él cuando eramos pequeños y, no tardando mucho, yo también, al principio ayudando con las facturas (a, s, d, f, g…ñ, l, k , j, h) luego yendo a la tienda los viernes por la tarde y sábados, finalmente media jornada mientras hice la carrera.

Como el esfuerzo era normal, no obtenía más recompensa al estudio que las buenas notas, ni reconocimiento a mi trabajo en la tienda que el de no regatearme mucho la paga al final de la semana.

Desde los 9 a los 13 años fui una niña gordita, con el pelo corto y acné (del rosácea que pasó a clásico acné, hasta los veintitantos)

Así confianza con los chicos no era mucha, mi madre me repetía que no me preocupara, que la belleza estaba en el interior, lo importante era ser dulce y buena. Como podéis imaginar lo de la belleza interior no era gran consuelo, así que me refugie en mi hermoso interior, oculto al mundo mundial, y leí, leí y leí.

Pero siempre tuve una cosa clara, iba a estudiar, nada me apartaría de mi objetivo de terminar una carrera

En 2º de BUP nos hicieron los test para ir ayudarnos con la elección del itinerario hacia ciencias o letras. Los resultados nos los comentaba en privado la psicóloga del colegio. Me pidió discreción con los míos, que no los compartiera con el resto de mis compañeros porque eran extraordinarios, ninguno obtuvo unos resultados parecidos, estaba excepcionalmente dotada para las ciencias, mi capacidad de análisis lógico y espacial señalaba claramente hacia la ingeniería. A la vez las humanidades, y más concretamente el lenguaje, me estaban vedadas, tenía un porcentaje de acierto por debajo de la media.

Aún hoy las palabras tardan en llegarme, para escribir cada artículo o preparar una clase tengo que invertir más tiempo que la mayoría de mis colegas.

Quizá porque las palabras me huyen la escucha me resulta tan natural.

Salí emocionada y exultante del despacho de la psicóloga, aún hoy puedo revivir ese momento, flotaba mientras caminaba y me veía claramente desde fuera, la emoción llenaba mi pecho, me sentía llena de posibilidades. Sin embargo, por más sencillas que me resultaran las matemáticas y a pesar de que esa fue la única indicación que tuve sobre mi futuro,  yo sabía era que no terminaba de encontrarle sentido a las fórmulas. Me gustaban las personas, me encantaba el arte y la literatura, por mal que se me diera el lenguaje y peor memoria tuviera.

Haría derecho, tenía más salidas

Y terminé la carrera, fui la primera universitaria de mi familia, honor frecuentemente desvalorizado porque os sorprenderíais la cantidad de limpiadores de cristales con económicas y taxistas abogados en los 90. Todos se los encontraban mis padres.

Me hubiera gustado seguir estudiando el doctorado o un master, por ejemplo en el Instituto de Empresa que eran clientes. Porque me encantaba estudiar, pero parecía que nunca había dinero para mí.

Era urgente ponerme a trabajar

Mis padres no querían que trabajara para otros, querían que me quedara en el negocio, como he dicho estaba a media jornada por 30 €/semana (5.000 pesetas de entonces) Pero el Director de Recursos Humanos de la primera empresa que me entrevistó, y que me había seleccionado, al que inocentemente planteé mi dilema, mirándome fijamente a los ojos me dijo: tú verás Myriam, es tu vida y no la de tus padres ¿qué quieres hacer? Gracias Luis Miguel.

Desde mi primer, y mejor trabajo, pasando por el de letrada municipal de un Ayuntamiento de cuyo nombre no quiero acordarme, a una multinacional, tres despachos de abogados y dos empresas de inversiones, siempre he estado como de vacaciones.

Porque no volví a tener un jefe tan duro como mi padre

Eso que uno de ellos hizo llorar a toda la plantilla, Antonio tenía una capacidad sorprendente de pillarnos con la guardia bajada, no nos libramos ni una.

En el Ayuntamiento, mis “amigos” me hicieron mobbing

Querida Charo en el pecado llevas la penitencia ¡y lo sabes! Por supuesto no fui capaz de verlo mientras ocurría, ni mucho tiempo después de ocurrir. Lograron destruirme y dejarme sin trabajo cuando estaba embarazada. Fue gracias a Viky, compañera y amiga a la que también me enfrentaron, que tuvo la valentía de llamarme tres años después para disculparse, ella seguía trabajando allí y pudo comprender lo que había pasado y así, las dos, comenzamos a atar cabos. Unos años después leímos Acoso Moral de Marie France Hirigoyen y todo encajó. Pusimos nombres, acoso moral, perverso, víctima…que importante es comprender.

¿Víctima yo? Pero si soy luchadora, brava, inteligente, valiente… Precisamente por eso fui víctima

Había sido madre, mi hijo (ya antes de nacer) demandó toda mi atención, lo importante era su vida y todo lo demás pasó a segundo plano. Cuando nació, sano sanísimo pero llorón lloroncísimo, siguió demandando toda mi atención y energía, apenas descansaba y el mundo laboral ya era otro mundo.

El centro de mi vida cambió, todo lo que había sido dejó de ser. Ahora tenía otro centro, totalmente distinto, mucho más grande y a la vez menos valorado. No me había preparado para ello, no había estudiado para ello, no tenía experiencia. Era una impostora.

Hacía lo que hacía como si supiera lo que hacer, por imitación, insegura. El único mundo que conocía bien, al que había dedicado lo mejor de mí, en el que había cosechado éxitos indiscutibles me expulsó.

Entré de lleno, y sin sostén de mi otro mundo, en la maternidad de la mano de…nadie.

Y apareció esa culpa

Esa culpa porque no era capaz de hacer los cientos de cosas que hacían otras madres; esa culpa porque no estaba trabajando; esa culpa porque no tenía fuerzas; esa culpa porque necesitaba que se durmiera pronto; esa culpa porque si estaba malo no era capaz de levantarme por la noche; esa culpa por querer pasar un tiempo a solas con mi marido; esa culpa porque no era capaz de estudiar; esa culpa por no tener confianza para volver al mundo laboral que estaba en una galaxia muy muy lejana…

Y me rompí

No pedí ayuda porque era capaz de mantenerme activa el tiempo que pasaba en compañía de los demás, pero el tiempo que estaba sola apenas era capaz de levantarme. Tuve algunos trabajos intermitentes, mientras trabajaba me sentía llena de fuerza, pero al acabar era como si el mundo laboral se hubiera acabado para mí. Para siempre.

Pero llevé a cabo un tratamiento que me liberó de culpa. Y comencé de nuevo.

No era fácil porque sabía lo que no quería, no quería ejercer de nuevo, no en la medida que pudiera evitarlo. Y siendo ya mayor, pues así me sentía con 35 años, no lo veía fácil. Pero el mundo del capital privado estaba en auge y acepté lo que me ofrecieron, salí del agujero en el que estaba y sí, confieso, trabajé en el mundo de la inversión privada.

¿Dónde estaban los sueños? ¿Tuve sueños?

Sólo tuve la clara determinación de salir adelante, estudiar y trabajar ¿es eso un sueño? ¿soñé con algo alguna vez? ¿o las tareas y el deber me atraparon…demasiado pronto?

Y llegaron los 40 y las crisis, personal primero y económica después

El divorcio borró el futuro de mi camino. Si te has divorciado sabes de que hablo, si sigues casada y has sufrido una pérdida importante quizá eso pueda acercarse.

Y la crisis me arruinó. Mejor dicho, me arruiné. No me gustaba lo que hacía y los clientes ya no llamaban a la puerta, había que salir a buscarlos y soy incapaz de vender-me si no creo en lo que hago. Y no creía.

Y desde ahí partí, divorciada, arruinada y con cuarenta y dos años (si a los treinta y cinco me sentía mayor, imagínate a los cuarenta y dos, me sentía al final de la vida)

Desde la muerte al camino del re-nacimiento. Camino que parte de una cascara de mujer aferrada al hilo de la esperanza como si la vida dependiera de ello. Estaba tan débil que no sabía distinguir entre amigos y enemigos y caí en manos de Barbazul. Pero huí antes de que me asestase el golpe final, refugiándome en una fortaleza del bosque custodiada por doncellas místicas. Éstas sabias mujeres me pusieron en en contacto con algunas hadas, bruxas y coruxos que me invitaron a banquetes llenos de manjares deliciosos, donde cisnes me dieron la bienvenida. Y conocí a un caballero andante que me llevó por reinos sin par.

Asombrada me di cuenta de que también pertenecía a los reinos de lenguas y ropajes desconocidos, que los mundos lejanos no lo eran tanto y que me pertenecían, nada me estaba vedado, ninguna mesa prohibida.

Y el arte…El arte al que no creí tener derecho fue parte de mi vida. Para siempre.

Fui mimada, cuidada y restablecida.

Y desde que era muy niña volví a soñar

Volví a estudiar, a ser aprendiz y a ser maestra, vencí miedos y, por fin, salí a construir el mundo que quería para mí. Soñar de nuevo y crear.

Fue difícil y a la vez apasionante.

Y como regalo asombroso viví con San Ero la eternidad de un instante y la niña que fui es y el sueño guardado en el corazón brota en el deshielo, arrasando con la fuerza del huracán los palacios, los caballeros y los oropeles, para dejar el brillo de las almas desnudas.

De todo mi viaje hasta ahora puedo asegurar que el coaching, tal y como lo facilitamos en coachingparamujeres, es un potente recurso

Porque, como dice el poeta, para cada una guarda un rayo nuevo de luz el sol y lo sabemos y respetamos: tu camino es tuyo y ese es el que debes seguir.

Y esa es otra historia: TU HISTORIA

No sé si mi relato te ha dicho algo, confío que sí porque para mí no ha sido nada fácil escribir estas líneas.

Cada una somos únicas y a la vez compartimos un núcleo esencial en lo profundo. Esa belleza interior que todos tenemos pero que tanto cuesta mostrar.

Mi moraleja, y es solo mía, es que creí. Tuve fe en la posibilidad.

Y por todo ello sé que funciona, que el coaching funciona, te lleva de la mano al lugar que realmente quieres estar

Puedes tardar más (si lo haces sola) o menos (si te acompaña un profesional)

Yo creí y conseguí la paz y el perdón; un trabajo que amar y al que aportar algo único; respetar y agradecer mi físico (¡a los cincuenta!); vivir en la casa que construí en mi imaginación (¡y de alquiler!) amar al hombre que merece mi amor y ser la mejor madre que puedo ser…

Y seguiré creyendo y creando nuevas posibilidades, nuevas realidades

Así que confía en esa intuición que tienes de que las cosas pueden ser de otra manera. Si tienes un proyecto claro ve a por él, si no sabes hacia donde ir para y escúchate. SUEÑA.

Existe ese espacio, esa luz, la ligereza, creatividad, alegría, equilibrio y paz que anhelas.

Construye sueños y persíguelos. Utiliza todos los recursos a tu alcance y el coaching es uno muy potente

No esperes a tener una crisis enorme, no esperes a quedarte en la desolación y en la nada, no esperes a sufrir hasta los huesos. Si tienes un techo sobre tu cabeza, abrigo sobre tu cuerpo y alimento en la mesa, puedes conseguirlo si crees que es posible.

Da un paso y llámame, haz de tu camino un espacio seguro. Te garantizo el resultado.

 

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